José Mariscal Campos

 

EL PINTOR RAFAEL BOTÍ EN MI VIDA

Me llama Rafael Botí Torres y, cuán nuevo Violante, me pide unas líneas para un libro-catálogo homenaje en el vigésimo aniversario de la muerte de su padre, nuestro insigne pintor cordobés, Rafael Botí Gaitán.

No sé si como Lope de Vega hallaré la consonante que me permita salir del aprieto y llegar al verso final de manera satisfactoria, pero voy a intentarlo por el afecto que le tengo a Rafael y su esposa Dely, personas entrañables.

La primera vez que oí el nombre de nuestro pintor, fue en los años setenta del pasado siglo, en Madrid. Un amigo y compañero de Salamanca, maestro de profesión y licenciado en Historia del Arte, me descubrió lo que era un museo (en mi pueblo no había visto nunca más cuadros que los calendarios de Unión Explosivos Riotinto por más que fueran de artistas tan renombrados como Julio Romero de Torres, Francisco Ribera Gómez, Domingo Huetos, José Puyet... entre otros. Bueno, eso lo supe después). Con él descubrí el Museo del Prado y sus grandes colecciones (Velázquez, Murillo, Goya...), y el Círculo de Bellas Artes, y el Ateneo de Madrid... y otras muchas salas y galerías que no es cuestión de nombrar aquí. Mi amigo y compañero de trabajo era un enamorado de los grandes maestros del impresionismo (Cézanne, Manet, Van Gooh, Degas, Renoir, Sorolla, Monet...), de los grandes románticos (Goya, Delacroix, Barrón y Castillo, Mariano Fortuny), y de los pintores encuadrados como "costumbristas", especialmente de la llamada "escuela sevillana" (José Giménez Aranda, Manuel Cabral y Agudo, José García Ramos, Gonzalo Bilbao Martínez...), admiración que me inculcó y que hoy sigue viva en mí. Fue siguiendo ese costumbrismo, cuando despertaba en nuestros deseos de autonomía para Andalucía (gracias padre Enrique Iniesta), y buscábamos y reivindicábamos a nuestros andaluces ilustres (políticos, pintores, escritores, escultores, poetas, músicos...) que descubrí a Rafael Botí Gaitán y sus cuadros que me hablaban de Córdoba, de sus plazas, de sus calles, de sus patios... llenos de espíritu impresionista, de costumbrismo, pero tan alejados del folclorismo que si se atisba en otros pintores andaluces.

Hace cuatro años, las circunstancias de la vida y la política, me llevaron a ser nombrado Diputado de Cultura de la Diputación Provincial de Córdoba (gracias Rafael, José Antonio, Diego, Paco...), y Vicepresidente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. Fue así como llegué a conocer a Rafael y su gran obra (la de su padre, y la de su hijo al donar a nuestra ciudad y provincia una gran colección de cuadros y dibujos del pintor y de sus amigos). Puse todo mi empeño en que se hiciera realidad el proyecto de Centro de arte Rafael Botí (egoístamente quería ser el diputado que hiciera realidad un proyecto largamente demandado) y en que la Fundación desarrollara al máximo las encomiendas de sus estatutos, pero, ¡ay!, la cultura es siempre la "hermanita pobre"  en todos los presupuestos, algo que llevé muy mal, porque concibo la cultura como un derecho y la única que hace al hombre más libre a través de la educación y el conocimiento.

He visto en muy pocas personas tanta pasión, tanta vehemencia, tanta idolatría hacia un padre, como la que Rafael tiene al suyo, algo que no critico sino que admiro. De ahí que considero justo que haya promovido este librito-homenaje en el vigésimo aniversario de su muerte. Para mí es un inmenso honor estar en él.
Querido Rafael, espero que si los cuentas, estén los catorce versos del soneto que me has pedido.

José Mariscal Campos

Diputado Provincial de Cultura
Vicepresidente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí (2007-2011)

 

Con Evaristo Guerra en la exposición celebrada en el Museo de la Ciudad (Madrid) en 1993. 

Con Manuel López-Villaseñor en la exposición que tuvo en el Patronato Municipal de Cultura de Torrelodones en 1985. 

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