Carlos García Osuna (escritor y crítico de arte)       

BOTÍ, UN ROMÁTICO CONTEMPORÁNEO

Botí pinta siempre, en todas sus épocas, la entraña de las cosas, lo que a veces no se puede apreciar a primera vista, la esencia que se oculta en lo más profundo de su significación, preocu- pado asimismo por la armonización compositiva de sus cuadros, claramente entendida como conjugaciones espaciales y de perspectiva que jamás son derrotadas por la disposición anárquica y exultante de los cromatismos, permanentemente matizados por unos pinceles que quieren reconocer su entorno en las formas que plasman.

La naturaleza en estado puro, es una de las referencias perpetuas en la obra del artista cordobés, y el color verde de su proyección plástica, es uno de los cromatismos más encendidos y jugosos de su paleta, junto a los albos y grises que sirven como ningún otro para detectar y transmitir a los espectadores los estados por los que atraviesa el ánimo ya que ambos tratan de simbolizar la inocencia y la serenidad del alma, el impreciso lugar donde habitan los sueños porque Botí, por la elegíaca capacidad para hablar de sentimientos a través de su pintura, quizá debería ser rotulado como un romántico contemporáneo, un artista que está vinculado a las cosas cotidianas que en su obra siempre consiguen proyectar un plus tanto plástico como emocional.

Los edificios que protagonizan los cuadros de Rafael Botí en las décadas de los años veinte y treinta de la pasada centuria destacan por una desnudez esencial que rememoran algunas de las composiciones elaboradas por Giorgio de Chirico. Como hacía otro genio del arte, Paul Klee, el artista y músico cordobés construye la realidad de esas estructuras con líneas que saca a pasear como volutas inaprensibles que acotan el conocimiento de un creador que vive para definir un espacio simbólico en el que caben todos los proyectos humanos.

YA, Noviembre de 1989.

La Voz del 21 de julio de 1931: la primera exposición de Rafael Botí en la Diputación de Córdoba.

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