Basilio Gassent (Periodista y crítico de arte)  

      

Rafael Botí es una larga vida dedicada al arte. A sus 92 años –los va a cumplir el próximo 8 de agosto, fecha en que nació en Córdoba, para caminar con el siglo–, aún sigue pintando, y el pasa-do año vimos una antológica suya en Madrid, incluyendo obra he-cha un mes antes, recibiéndonos en la sala, atento a cuantos, al entrar, se acercaban buscando el privilegio de conocer personal-mente al maestro.

Amigo y discípulo de Vázquez Díaz, se singularizó con un estilo personalísimo, lleno de claridades, donde su tierra canta con la serenidad de sus cielos y de sus rincones, de sus patios, de sus fuentes, de su luz y de su fragancia. José Caballero, que aprendió, de él, el canto de la línea continua, en 1936, le dibujó en un excep-cional retrato, limpio, luminoso, como la pintura de Botí, con resonancias musicales, la otra devoción de este gran pintor, diseñándole de nuevo años más tarde en un clarificador ensayo donde dice de su obra: «Es una pintura que embruja, reteniendo el paso de las horas, buscando las grandes líneas curvas de la geometría del tiempo... Todo es claridad, sin contraste de sombras; desde el lila, al azul, se adormece el sentido para lograr una exaltación del ensueño y de la melancolía».

Por mi parte añado, una melancolía que no decanta hacia la tristeza, sino hacia la intimidad que nos va empapando en la más dulce y sentida de las alegrías, la que Azorín deja fluir en muchos de sus libros.

Este premio de Correo del Arte, se une al tributo de admiración de tantos premios como Rafael Botí ha recibido.

En nuestro palmarés nos faltaba su nombre, aunque en nuestra admiración le teníamos. Estos premios, en ocasiones han sido, de anticipación, como hace un par de años, cuando concedimos el Premio Revelación a Paco Molina Montero, que este año ha obtenido la consagración con el gran Premio de Blanco y Negro; y, en otras de un ascendente y pleno reconocimiento, como en Fran-cisco Nieva, premiado el pasado año, y ahora, mientras redacto es-ta nota, Premio Príncipe de Asturias y Premio Nacional de Literatura en su modalidad de teatro, por primera vez concedido, confirmando que junto al Nieva pintor –gran pintor–, escenógrafo, director y escritor... hay un humanista, como en Rafael Botí, cuya voz y cuya pintura son un permanente magisterio de humanidades, en un tiempo, como el nuestro en que tanta falta hace serlo.

CORREO DEL ARTE, 1992.

Basilio Gassent con el hijo del pintor en 1992.

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