Pablo Jiménez Burillo (Escritor de arte)

        

RAFAEL BOTÍ UN SIGLO DESPUÉS

Rafael Botí, un pintor casi clandestino, que no tuvo que vivir de la pintura, lo que lo alejó de los circuitos habituales, pero que, sin embargo, supo construir un mundo tremendamente personal y sor-prendente. Un mundo que se inscribe justamente entre un plan-teamiento simbolista, por la esencialidad de lo representado y la subjetividad de los colores y las formas, con lo que enlazaría, al menos con una parte del espíritu de Romero de Torres, y una factura muy próxima a Vázquez Díaz.

Botí es un pintor delicado y proclive a secretas y pequeñas exqui-siteces siempre amables y plenas de una intensidad en tono menor (no en vano fue un importante músico) pero muy cálida y muy próxima.

Sus jardines, sus patios cordobeses y sus paisajes, están llenos de un misterio que ha sabido recoger lo más sencillo de la tradición moderna para llevarla a una pintura serena y sencilla pero también cálida y tremendamente honesta.

LIBERTAD DIGITAL, 19 DE ENERO DE 2001.

Pablo Jiménez Burillo con los hijos del pintor. Madrid, 2005.
 
En su domicilio madrileño en 1993.

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