EXTRACTO BIOGRÁFICO

RAFAEL BOTÍ GAITÁN nace en Córdoba el día 8 de agosto de 1900. Hijo de Santiago Botí Company, natural de Alcoy (Alicante), músico del Centro Filarmónico de Córdoba y de la Orquesta Sinfónica de Madrid, y de Margarita Gaitán Gavilán, nacida en la ciudad cordobesa de El Carpio.Estudia dibujo con Julio Romero de Torres en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba; modelado con Victorio Chicote; Historia del Arte con Ricardo Agrasot, y música en el Conservatorio Superior Eduardo Lucena, teniendo como profesor a Cipriano Martínez Rücker.

En 1917 se traslada a Madrid e ingresa en la Escuela de San Fernando y en el Conservatorio Superior de Música. En ese mismo año pasa a formar parte de la Orquesta Filarmónica de Madrid, como profesor de viola, y en 1930 de la Orquesta Nacional de España.

Desde 1918 asiste como discípulo al taller de Daniel Vázquez Díaz, uniéndole desde entonces una gran amistad con el maestro. Su primera exposición personal la celebra en Córdoba en el Círculo de la Amistad, en el año 1923.

Con Emiliano Barral, Winthuisen, Planes, Moreno Villa, Castedo, Souto, Climent, Díaz Yepes, Pérez Mateos, Francisco Maura, Rodríguez Luna, Santa Cruz, Isaías Díaz, Pelegrín, Servando del Pilar y Francisco Mateos funda la «Agrupación Gremial de Artistas Plásticos», y lanzan un manifiesto de vanguardia (el 29 de abril de 1931) para luchar contra todo lo que signifique arbitrariedad, con el propósito de dar un sentido amplio y renovador a la vida artística nacional.

Realiza un número importante de exposiciones individuales –Córdoba, Madrid, París, Bilbao, Salamanca, Barcelona, Sevilla, Huelva, Granada y Pamplona, entre otras– y colectivas, tanto en España como en el extranjero, entre las que podemos destacar: Exposiciones Nacionales, I Bienal Hispanoamericana de Arte, Pintura Contemporánea en Lima, Exposición de Arte Actual en Santiago de Chile, Artistas Espanhóis Contemporáneos en Lisboa, Artistas Independientes, Salones de Otoño, Arte Español 1925 - 1935, Internacio-nales de Barcelona, de Arte Moderno en Granada, Maestros de la Pintura Andaluza Contemporánea en Sevilla, "Botí y sus Maestros" en Córdoba, Madrid, Lisboa, Casablanca, Rabat, Tánger, Nerva y Estela, etc.Fue galardonado en las Exposiciones Nacionales de los años 1924 y 1964, y en la Regional de Artistas Andaluces de Granada en 1930. El Ayuntamiento de Córdoba le designa Hijo Predilecto y le concede la Medalla de Oro de la Ciudad en 1979; en ese mismo año la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes, le nombra Académico Correspondiente, y la Asociación de Artistas Plásticos Cordobeses, su Presidente de Honor. El Ministerio de Cultura le concede en 1980 la Medalla de Plata al Mérito en las Bellas Artes. En 1990 es elegido por designación popular «Cordobés del Año». En 1992 le es concedido el Premio Especial del Jurado en los Premios Nacionales de Artes Plásticas, y en ese mismo año, la Academia Libre de Arte y Letras de San Antón, en virtud de méritos tanto profesionales como humanos que concurren en su persona, acuerda otorgarle el rango de Académico Ilustre. En 1998 la Diputación de Córdoba constituye la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí.

Poseen obras suyas los siguientes museos: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museo de Bellas Artes de Córdoba, Museo de Bellas Artes de Sevilla, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid, Museo Provincial de Jaén, Museo de la Ciudad de Madrid, Museo de la real Academia de San Fernando de Madrid, Museo Taurino de Córdoba, Museo Camón Aznar de Zaragoza, Museo Daniel Vázquez Díaz de Nerva, Museo Camilo José Cela de La Coruña, Museo Antonio Manuel Campoy en Cuevas de Almanzora, Museo Adolfo Lozano Sidro de Priego de Córdoba, Museo de Bellas Artes de Huelva y Jaén y distintas colecciones públicas y privadas, tanto en Es paña como en el extranjero.

Fallece en Madrid el día 4 de febrero de 1995

 

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biografia-0416Rafael Botí y su esposa en 1930

 

Homenaje de Madrid a Rafael Botí 

Madrid tributa un sincero homenaje al gran pintor cordobés Rafael Botí, que supo trasladar a sus lienzos, con genuina emoción no exenta de nostalgia, la luz de su querida y añorada ciudad natal, pero que también supo admirar y reflejar el colorido y el paisaje de los muy distintos lugares en los que el destino situó su fructífera vida de creador.

Entre estos lugares, Madrid ocupa un lugar preferente. El propio pintor hacía justicia a la luminosidad de la capital de España, situando su belleza por encima incluso, en determinados momentos, de la claridad de Andalucía. Su admiración queda bien patente en sus paisajes de la sierra madrileña o de la Casa de Campo, en sus perspectivas del Jardín Botánico, y en las numerosas obras que tienen a la naturaleza como protagonista en el marco de su jardín de Torrelodones.

La pintura de Rafael Botí conjuga a la perfección la sonoridad, la armonía y el ritmo de la música, con el equilibrio, la profundidad de la mirada y la expresividad del arte poético. La poesía, siempre presente en sus cuadros, habla para nuestros ojos, que la agradecen. Es ya clásica por su sonoridad, la certera y contundente
afirmación de Pepe Caballero de que en los cuadros de Botí siempre canta un pájaro. 

En su prolongada trayectoria de pintor vocacional, bajo huellas y magisterios importantes como el de Vázquez Díaz, supo regalarnos su gran amor a Córdoba y al arte, a los que se sumaba un natural impulso modernizador. Gracias a un extremo dominio del color, consiguió transmitirnos la experiencia de la belleza, la alegría, la bondad y la serenidad.

Los nuevos creadores plásticos, a los que tanto quiso promocionar, tienen en Rafael Botí y en su obra un modelo de profesionalidad, un ejemplo de vigor artístico, y una muestra de pintura eterna, que permanece por encima de las modas.

CARMEN CALVO. Ministra de Cultura.
Madrid 2005.

 
 
 
 
carmelocasano
Carmen Calvo, Ministra de Cultura, y 
  Francisco Pulido, Presidente de la Diputación
con el hijo del pintor en el Palacio de la 
Merced, Córdoba en 2005.

Trayectoria de Rafael Botí

Por las circunstancias de su biografía la figura del cordobés Rafael Botí recorre todo el curso del arte español del siglo XX. A su vez, el hecho de que la historia de ese siglo esté partida en dos por la Guerra Civil de 1936 define la naturaleza asimétrica del díptico en el que se inscribe la andadura de este artista.

Desde su primera formación en Córdoba bajo el magisterio de Julio Romero de Torres hasta la explosión del conflicto bélico, Rafael Botí es un artista cuya ejecutoria se entreteje en momentos muy importantes del intenso proceso de la renovación artística española. Por el contrario, en la segunda parte de su vida, el pintor va a moverse casi exclusivamente en los parajes de un mundo interior, donde percepción del presente y vigencia de la memoria se alean sobre el territorio de un lenguaje invariablemente fiel a sus propios presupuestos. 

Bastaría con detenerse en algunos cuadros de Rafael Botí para ver ilustrados con elocuencia los perfiles de tal situación. Así, por ejemplo, Alcornoques de la sierra de Córdoba (1922), Jardín Botánico (1923) o Fuente Goiri (1925) señalan cómo su vocación plástica, que abraza todavía los restos del decadentismo de fin de siglo, se va enfilando poco a poco hacia la potencia expresiva de una autonomía cromática atenta ya a estéticas pictóricamente más puras como la nabi o la fauve. 

En cambio, Estación de Atocha (1925) es un claro exponente de su implicación en esa lúcida sensibilidad, urbana y a la vez suburbial, asentada en la situación de arranque de nuestra vanguardia his-tórica. Con ello Botí participa de la conciencia crítica con la que, por las mismas fechas, artistas como Barradas, Maroto, Alberto, Palencia, Maruja Mallo, Tejada o un jovencísimo Dalí buscaban imbricar el proceso de modernización artística en nuestra realidad histórica concreta. Complementariamente a lo anterior, el Bodegón de los papeles (1928) confirma que esa generación renovadora también tuvo la aspiración de entroncar su actividad con las corrientes que en ese momento definían la modernidad en la escena internacional.

En una obra tan significativa como El canal de Fuenterrabía (1926), por citar sólo la punta del iceberg de un brillante capítulo de su producción, se detecta hasta qué punto el magisterio de Vázquez Díaz ha ido inclinando a Botí hacia el sentido constructivo de la forma. Un camino que, sin embargo, no renuncia al equilibrio que procura la tradición clásica. Y hoy sabemos que esto último fue una pieza fundamental del discurso de la modernidad, como también que ese geometrismo sosegado supuso el centro de gravedad estética de la renovación plástica española de los años veinte.

A diferencia de lo que ocurrió en otros artistas de su tiempo, el horror que produjo la Guerra Civil en Botí se muestra a través de la placidez isleña y melancólica de Patio manchego (1938). Pero, a continuación, la sórdida miseria de la posguerra asoma sin demasiados paliativos en obras como Paisanaje de Madrid (1942) o Ventorro del arroyo del Abroñigal (1942). 

Es a partir de este momento cuando se abre esa segunda hoja del díptico a que nos hemos referido, definida por el ensimismamiento pictórico. Paseo junto al Jardín Botánico (1970) o Fuente del olivo (1973) son cuadros capaces de retrotraernos a una sensibilidad muy próxima a la que Botí desplegaba a principios de los años veinte. A cambio, una obra como Campos de Castilla (1955) indica cómo en la pintura de Botí se entrevera a veces la voluntad de mirar el mundo en términos estéticos propios del momento que estaba viviendo.

Consecuentemente al pulso que se detecta en su obra, la presencia del artista en la cadena de acontecimientos que organizan la historia y la estructura de nuestra modernidad artística se concentra fundamentalmente en la primera mitad del siglo XX. 

Botí fue uno de los participantes en el madrileño Primer Salón de los Independientes, inaugurado el 30 de noviembre de 1929 en el Salón de El Heraldo de Madrid, que se agrupaba a artistas como Cobo Barquera, Insúa, Arronte, Servando del Pilar, Isaías Díaz, Félix de Torre, Ponce de León, Pablo Zelaya, Díaz Caneja y López-Obrero.

 
trayectoria  Santiago Pelegrín, Retrato de Rafael Botí 
1921
 
 trayectoria2   José Caballero, Retrato de Rafael Botí, 1940

Igualmente, el pintor concurrió a otros tres importantes hitos del proceso de modernización del arte español que por esas fechas tuvieron lugar en Granada: la Exposición Regional de Arte (XI-1929, Casa de los Tiros) y los dos Salones Permanentes de Arte Moderno (ambos celebrados también en la Casa de los Tiros, durante 1930).

En abril de 1931, la recién constituida Agrupación Gremial de Artistas Plásticos (AGAP) publicó en la prensa madrileña el famoso «Manifiesto dirigido a la opinión pública y a los poderes oficiales», en el que se exhortaba al nuevo Gobierno republicano para que arbitrase medidas modernizadoras en el orden artístico. Rafael Botí figuraba en la nómina de sus firmas, todas ellas muy significativas para nuestra renovación artística: Souto, Climent, Díaz Yepes, Pérez Mateo, Renau, Planes, Mateos, Moreno Villa, Santa Cruz, Isaías Díaz, Pelegrín, Servando del Pilar, Puyol, Barral, Winthuysen, Castedo, Masriera, F. Maura, Badía, Dieste, Almela, Colinas, Valiente, C. Gómez, y Rodríguez Luna.

Botí figuró también en otros tres importantes acontecimientos expositivos madrileños del periodo republicano. En una muestra organizada por la llamada Federación de las Artes (que no era otra que la propia AGAP transformada), en mayo de 1931 en la Biblioteca Nacional; exposición que reunió también obra de Planes, Pérez Mateos, Díaz Yepes, Cordón, Isaías Díaz, Castedo y Pelegrín. En una segunda edición de la muestra anterior (II Exposición de Pintura y Escultura, noviembre de 1931 en el Ateneo). E incluso en una tercera, en la que bajo el epígrafe «Nueva Federación de las Artes» (mayo de 1932, Museo de Arte Moderno) reaparece un grupo de artistas relacionado con las organizaciones antes mencionadas (Castedo, Climent, Isaías Díaz, Moreno Villa, Pelegrín, Servando del Pilar, Souto, Planes, Pérez Mateo, Díaz Yepes y Rodríguez Luna).

Así pues, en la trayectoria de Rafael Botí se alean y concatenan en el tiempo dos cualidades importantes en la vocación artística contemporánea. La voluntad de acompasar el arte con la Historia y la fidelidad del artista a los perfiles de su propia experiencia estética, entendida como lenguaje de relación con el mundo. Dos rasgos aparentemente contradictorios, pero sin los cuales el arte perdería su papel de función necesaria de la condición humana.

JAIME BRIHUEGA
Historiador del Arte 

 

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