PREFACIO

Mi padre, Rafael Botí, fue un artista ilusionado que nació con el siglo XX y que supo captar en su trabajo, tan en silencio, la sencillez del paisaje y el carácter de las personas de su alrededor. Tenía raíz senequista, y un concepto escueto que animaba con la luz y los tonos de su paleta.

A todos los amigos que han animado a recordar su marcha en 1995, les agradezco tantos apoyos; así como los juicios emitidos sobre su obra de algunos críticos e historiadores.

Mi mayor deseo es que esta ventana aporte una información eficaz para conocer la obra plástica de Rafael Botí , un cordobés que se inició en el Conservatorio de Música y en la Escuela de Arte de su ciudad, con la referencia del profesor Julio Romero de Torres; amplió conocimientos en Madrid en el estudio de Daniel Vázquez Díaz, formando parte de su primer grupo de discípulos, uniéndoles desde entonces lazos de amistad y admiración y, a lo largo de muchos años, trató de recrear lo cotidiano con la sencillez y la claridad de un conceptista.

Gracias a todos.

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